La fórmula mágica de la marca personal

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La pasada semana leí un artículo de Inge Sáez en el que, a partir de la “anécdota” – por ser correctos- de haber sido víctima de plagio de su extracto de LinkedIn, reflexionaba sobre la Mentira, con mayúscula, que muchas veces puebla en las redes sociales. No puedo estar más de acuerdo con ella. Y te prometo, Inge, que no es mi intención copiar tu artículo sino hacer que me sirva de punto de partida. Además, espero que tardes mucho en volver a sufrirlo de nuevo porque yo también sé lo mucho que duele…

La marca personal como elemento de diferenciación

Y es que es cierto que de un tiempo a esta parte conceptos como marca personal, diferenciación o incluso reinvención son el pan de cada día, al menos, en las redes sociales profesionales. Y ya no te cuento si perteneces al sector de la comunicación y el marketing: si no destacas o trabajas tu imagen personal, es como si estuvieras muerto.

Así que de repente todos queremos jugar al Sálvame de las redes sociales: ser el más popular, el más retuiteado, el más leído, el “más todo”: tener el minuto de oro. Hay muchos que han entrado en la carrera de los followers en Twitter: mi reino por una “k”. Otros te bombardean con el enlace de su último artículo en su blog cada 5 minutos como si no pasara más en el mundo que su recién publicado post. Los hay que te siguen y si en una hora no les sigues, dejan de hacerlo: gran demostración de madurez. Podría estar poniendo ejemplos durante párrafos, pero la idea es que todo parece una carrera en la que, a veces, se olvida algo muy importante: ser auténtico, ser genuino y sobre todo… escuchar. Muchas veces es preferible empezar escuchando porque además de aprender resulta que, si además eres una persona a la que no le importa reconocer y compartir el mérito ajeno, por ahí te vienen muchas cosas buenas.

Y el gran secreto es…

El secreto es que no hay fórmula mágica: para eso tienes que ser tú. Tienes que ser tan creativo, tan buen comunicador, tan conocedor de tu materia como realmente seas. Y creer en ti. Ni más ni menos. Y eso se transmite unas veces reconociendo el buen trabajo del otro al compartir un artículo, y otras dando un “gracias” por el follow o la mención. Pero nunca apropiándote de trabajos ajenos porque eso, amigos, además de ser muy feo habla por sí mismo de ti.Y por descontado pasa a conformar tu imagen personal. Esa que cuesta tanto “fabricar” y que se va construyendo día a día entrando en juego factores sobre los que, a veces, no tienes ningún control.

Pero al final, todo se reduce a ser auténtico, creer en ti mismo y tu trabajo y esforzarte en transmitirlo de una forma natural. Ya si le añades un poquito de humildad, el éxito casi lo tienes asegurado. Como la vida misma.

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