Jugando a Wikileaks en el patio de vecinos

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En un momento en que la privacidad y la huella digital, lo que la red va dejando ver de ti, van cobrando más importancia, parece que está surgiendo con fuerza un modelo de red social que en EEUU y Reino Unido cuenta ya con miles de usuarios: las redes sociales anónimas en las que socializar aquellas cuestiones que, por la razón que sea, no te atreves a compartir en los círculos de tu vida. Una especie de confesionario on-line, vamos.

Origen de las redes sociales anónimas

Para contextualizarlo, tenemos que remontarnos a 2005, año en que tiene su origen PostSecret, un proyecto artístico aún en funcionamiento en el que gente anónima envía una postal customizada (en forma de collage, fotomontaje, dibujo…) contando algún secreto personal que luego se publica en la página a razón de 10 obras cada domingo. Sólo debe cumplir dos condiciones: no haber sido revelado antes y ser verídico. Una vez publicados la web permite comentarios como si de una noticia o un artículo de un blog se tratara. Eso sí: de forma anónima, para no perder el peculiar estilo. En Septiembre de 2011 PostSecret dio el salto y creó una aplicación, pero en Diciembre de ese mismo año se retiró de la tienda porque se les fue de las manos y aquello se convirtió en una especie de patio de vecinos con bastante “mala baba”.

Situación actual de las redes sociales anónimas

En la actualidad son 5 aplicaciones las que se reparten el mercado fuera de nuestras fronteras: Secret, Whisper y Confide. Cada una de ellas tiene unas características: Whisper tiene usuarios de entre 18 y 30 años que en la mayor parte de los casos lo utilizan como método para buscar pareja o un “rollete”. En cambio Secret vendría a ser una especie de Whatsapp, ya que los contactos se cogen de tu agenda. Eso sí: manteniendo el anonimato, con lo que supone. Imagina que sueltas algún cotilleo del que te has enterado en la última cena de trabajo cometiendo el error de dar demasiados detalles… ¡Quizá te arriesgues a que te pillen!

Las otras dos aplicaciones dentro de esta nueva categoría de red social serían Rumr  y Confide. Éstas se centran en mensajes anónimos que se autodestruyen en nuestro círculo de amigos. Si eres usuario de Telegram, ahora puedes entender de dónde viene la “marcianada” de este tipo de mensajes. Por supuesto también tenemos las versiones en castellano: Escríbelo y Ascodevida, de las que sólo la segunda tiene versión app.
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Si tuvieramos que explicar el auge de este tipo de aplicaciones podríamos hacerlo por una parte desde la necesidad de decir cosas desde el anonimato que no compartirías en otras redes, y por otra por la gran preocupación que tenemos hoy en día de salvaguardar nuestra huella digital, el rastro que vamos dejando en internet con nuestros comentarios, y que en un momento dado (por ejemplo a la hora de buscar un trabajo) puede volverse en nuestra contra. A fin de cuentas se trata de salvaguardar la privacidad permitiéndonos seguir siendo sociales sin preocuparnos por las repercusiones que puedan tener nuestros comentarios. Aunque la mejor manera de cuidar tu imagen quizá sea no decir cosas por escrito y públicamente de las que un día tengas que arrepentirte, ¿no?

Lo que está claro es que esta nueva modalidad de socializar pone de relieve el riesgo de las mentiras y los bulos. No hace mucho la empresa Evernote tuvo que salir al paso de un rumor de compra de la empresa publicado por un supuesto trabajador de la compañía en una de estas aplicaciones.
Lo que no es descabellado es pensar que redes sociales como Facebook o Twitter puedan avanzar en esta dirección, sobre todo teniendo en cuenta que Facebook ya permite registrarse sin añadir datos personales, que su reciente cambio de política de privacidad publica por defecto sólo para tus amigos o que incluso en una reciente entrevista  Mark Zuckerberg dejó caer que Facebook quizá pueda permitir en breve los registros anónimos. Todo esto unido al problemilla que tiene Google en torno al tema de la retirada de enlaces en base a la resolución dictada por el Tribunal Supremo Europeo, del que te hablamos hace unas semanas, y de la demonización de Twitter a la que estamos asistiendo las últimas semanas por nuestras tierras, hacen que el tema pase de ser curioso a ser algo que quizá tenga que ser tenido en cuenta porque a lo mejor resulta que tiene mayor acogida de la que podamos pensar.

¿Preparados entonces para ser una especie de Edward Snowden de andar por casa? Yo, la verdad…¡no me veo!

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