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Cómo crear una identidad corporativa acorde a tu negocio

Desde que decidí dirigir mis servicios a profesionales autónomos, suelo encontrarme a menudo con un espacio común: un porcentaje representativo decidió en su momento delegar la realización de su identidad corporativa en amigos o conocidos no profesionales del campo.

El resultado es que, meses o años después, se dan cuenta de que están utilizando una representación visual de su negocio con la que no se identifican. Es más: hay ocasiones en que no saben qué simboliza eso que ponen en su web o al pie de sus emails, porque ni han participado de su creación, ni se les ha explicado el resultado.

Empecemos por el principio: ¿qué es la imagen corporativa?

Si eres autónomo, tu imagen corporativa vendrá definida por tu marca personal y tu identidad visual, la marca gráfica propiamente dicha. Es la manera en la que tu público te percibe. Y ahí entran en juego: tus valores y filosofía, cómo los transmites, el tono de tu lenguaje así como la parte gráfica de tu marca: logotipo, visuales usados en redes sociales, colores o comunicaciones, sean del tipo que sean. Todo ello junto, sería tu identidad corporativa. Pero si no lo sabes transmitir – o si otros medios hablan de ti de una manera que no se corresponde con lo que tú haces- puede desvirtuar esa manera en la que eres visto. El resultado final, lo que conocemos como imagen corporativa, está en la mente de tus clientes. Tú debes trabajarla y ponerla en práctica de manera coherente.

En la cabecita de los clientes es donde reside nuestra imagen corporativa

No está de más decir que la identidad corporativa es algo que debe quedar patente en todos tus espacios: desde la web a tu perfil de LinkedIn o página de Facebook, pasando por los comunicados que realices o tus tarjetas. No puedes descuidar nada, todo debe estar en perfecta armonía e ir en la misma dirección: transmitir la filosofía de tu marca, la personalidad, ideas y valores de la misma. Lo que se conoce técnicamente como intangibles. Que a la vez son los tuyos.

La importancia de la representación gráfica de tu negocio

Lo que llamamos identidad visual corporativa viene dado por todos los elementos que la forman: logotipo, colores corporativos, tipografía o tipo de letra, web o slogan. Este último pareciera estar en desuso, pero sería el equivalente al titular de LinkedIn: esa frase que resume tu mayor fortaleza, eso que te diferencia y te hace poderoso. Y es que, las redes sociales parecen habernos traído muchas cosas nuevas pero no son más que una apuesta al día de conceptos publicitarios y de marketing clásico.

Respuesta gráfica a la pregunta: ¿qué ocurre cuando te tomas a la ligera la creación de tu logotipo?

Como ya he comentado, no puedes tomar a la ligera la creación de tu logotipo. Debes tomar parte activa en el proceso porque, a fin de cuentas, es algo con lo que debes sentirte plenamente identificado. No se trata de hacer algo bonito, así, sin más. Se trata de resumir tu esencia en algo reconocible visualmente para la audiencia y con lo que tú tienes que sentirte cómodo. ¿Te imaginas tomarte a cachondeo qué nombre poner a un hijo o una hija? No, ¿verdad? Pues el logotipo es algo como tu propio nombre: te va a acompañar a lo largo de toda tu trayectoria profesional.

Fases de creación de un logotipo

No estamos hablando de matemáticas, así que te voy a contar cuáles son las etapas por las que paso con un cliente a la hora de construir su identidad visual. Y la parte más importante es la creación del logotipo, que no es más que un símbolo que identifica una marca y a todo lo relacionado con ella. Y debe resumir de un vistazo la esencia de su saber hacer profesional

Fase 1 – La marca como persona

El mejor punto de partida – o el mejor que yo he encontrado – es intentar imaginar a esa marca como un ser humano. Hay que dotarle de personalidad. Y la metodología que utilizo con mis clientes para llegar a buen puerto son unas fichas con fotos de personajes públicos variados. Les pido que me indiquen su grado de identificación con cada uno de ellos y el motivo. Siempre teniendo en cuenta lo que transmiten y cómo lo percibe él o ella en cuestión.

En resumidas cuentas: se trata de descubrir si tu marca tiene una personalidad cercana a la de Ana Blanco o más bien es el alma gemela de Andreu Buenafuente.

Fase 2 – Conceptualización de la marca

Una vez recogida toda la información de la anterior etapa, toca descubrir la gran idea central a transmitir por la marca: ¿a qué problema viene a dar solución? ¿Qué es lo que nos diferencia de la competencia? Debemos saber dónde buscar para destacar aquello que nos hace únicos y conseguir que todo gire en torno a ese concepto.

Fase 3 – Diseño

Ahora es el momento de resumir gráficamente todo lo anterior y plasmarlo en una propuesta de logotipo. Yo suelo facilitar un par de ellas al cliente, para que elija aquella que desemboque en un arte final.

En este proceso es importante validar con el cliente todos los cambios que se realicen para que no acabemos haciendo algo bonito pero ajeno a él. A fin de cuentas, es algo que va a definirle y tiene que sentirse a gusto con ello.

El peso de la marca personal hoy en día

La importancia de las redes sociales hoy en día es incuestionable. En ellas es donde va tomando forma nuestra marca personal, que irá inevitablemente unida a nosotros. Por esta razón no hay que descuidarla. Y no sólo hay que controlar lo que decimos y cómo lo hacemos – aunque parezca de lógica, nunca está de más recordarlo 😉 -, sino qué es lo que contamos.

La diferenciación como elemento clave de la marca personal

No sólo hay que ser bueno. Además hay que transmitirlo. Y la mejor manera de hacerlo es construyendo una estrategia de contenidos en la línea de tu valor diferencial: ¿qué problema resuelves y cómo lo haces? ¡Es hora de poner a trabajar el coco con la creatividad al 100% para ofrecer contenidos amenos que interesen a tu público potencial. Y subrayo: ¡amenos! 😀

Lo sé: la primera tentación es ponerse el chip en modo ventas para contar lo bueno que soy, lo bien que lo hago y lo mucho que me quiere mi mamá 😊. Basta ya de egocentrismos y de “yo, yo, yo.” Es momento del “tú, tú, tú”. ¿Qué soluciones ofreces? ¿Cuál es la mejor ventaja de tus servicios? Pues… cuéntalo ya que esa el principal razón por la que tendrás a tus clientes con las orejas y los ojos bien abiertos 👀 Porque les va a interesar. Mucho.

Sería algo parecido a lo que estoy haciendo con este artículo: intento transmitir mi experiencia y mi conocimiento a través de este post. Por cierto, ¡gracias por seguir leyendo! Si es así es buena señal… 😎

Entonces, ¿por dónde empiezo a trabajar mi identidad corporativa?

Resumiendo, cabría destacar que la identidad corporativa no es algo que se construya en un par de días o de semanas. Es un camino a recorrer en el que debes participar para que el resultado se corresponda con tu desempeño profesional. Y la manera en que el público te percibe, la imagen corporativa, también depende de ti. Y la construyes día a día, con cada tweet, cada acción o comunicado – sea de la naturaleza que sea – que realizas.

Dicho todo esto: ¿estás orgulloso de tu imagen corporativa? ¿Puedes hacer algo para mejorarla? ¿Y tu identidad corporativa? ¿Está trabajada y se corresponde con tu yo actual, o necesita un lavado cara y de planteamientos? Si alguna de tus respuestas indican que algún cambio sería bienvenido, sólo te quiero decir que estaría encantado de acompañarte en ese proceso. Tan sólo tienes que contactar conmigo y contarme lo que necesitas 😉

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